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Si le recetaron Ohrencia 125 mg para una artritis reumatoide, una artritis psoriásica o una artritis idiopática juvenil, esta guía está pensada para pacientes: primero explica en lenguaje claro qué es el abatacept, cómo actúa sobre el sistema inmunológico y cómo se aplica la inyección subcutánea semanal —incluida la posibilidad de hacerlo en casa—, y después detalla el precio de Ohrencia en distintas farmacias de México.
Ohrencia es un medicamento biológico cuyo principio activo es el abatacept. La presentación de 125 mg viene en jeringa prellenada para aplicación subcutánea semanal. Sirve para tratar enfermedades inflamatorias autoinmunes de las articulaciones —principalmente la artritis reumatoide, la artritis psoriásica y ciertas formas de artritis idiopática juvenil—, reduciendo la inflamación, los síntomas y la progresión del daño articular.
El abatacept es una proteína de fusión creada por ingeniería genética, conocida como CTLA-4 Ig: une la parte de una molécula natural del sistema inmunológico (CTLA-4) con una porción de un anticuerpo. Funciona interrumpiendo la señal que activa a los linfocitos T. En lugar de destruir células, se interpone en una conversación entre ellas, con lo que la cascada inflamatoria pierde fuerza desde su inicio.
Para activarse por completo, un linfocito T necesita dos señales: reconocer el antígeno y recibir una segunda señal de "confirmación" llamada coestimulación, que se produce cuando las moléculas CD80 y CD86 de otra célula se unen al receptor CD28 del linfocito. El abatacept se une a CD80 y CD86 y ocupa ese espacio, de modo que la segunda señal nunca llega. El linfocito T no se activa plenamente y la inflamación articular disminuye.
Los linfocitos T son glóbulos blancos que dirigen buena parte de la respuesta inmunológica: identifican amenazas y coordinan a otras células. En las enfermedades autoinmunes ese sistema se equivoca de objetivo y ataca tejidos propios; en la artritis reumatoide, la membrana que recubre las articulaciones. Los linfocitos T activados reclutan otras células y liberan sustancias inflamatorias que, con el tiempo, destruyen cartílago y hueso.
Sí. Es una proteína producida en células vivas mediante biotecnología, no una molécula sintetizada químicamente. Eso explica varias de sus características prácticas: debe inyectarse (por vía oral se destruiría en la digestión), requiere cadena de frío y su costo es considerablemente mayor que el de un medicamento convencional.
Se le describe con más precisión como un inmunomodulador selectivo: no suprime el sistema inmunológico de forma global, sino que frena un paso concreto de la activación de los linfocitos T. Dicho esto, en la práctica sí reduce la respuesta inmunológica y por ello aumenta el riesgo de infecciones, obliga a descartar tuberculosis antes de iniciarlo y contraindica las vacunas vivas.
No es un medicamento de alivio inmediato. La mejoría suele comenzar a notarse entre las 4 y 12 semanas, y el beneficio puede seguir aumentando durante 3 a 6 meses. Por eso, al inicio del tratamiento es frecuente continuar con analgésicos, antiinflamatorios o corticosteroides, que después se van reduciendo.
Por la combinación de cómo se siente y de lo que muestran los estudios: menos dolor, menos articulaciones inflamadas, menor rigidez matutina y mejor capacidad para las actividades diarias, junto con el descenso de los marcadores de inflamación (VSG y proteína C reactiva). Su reumatólogo lo cuantifica con índices de actividad como el DAS28 y, a lo largo del tiempo, evalúa con radiografías si el daño articular se ha frenado.
Las indicaciones autorizadas de la presentación subcutánea incluyen la artritis reumatoide activa de moderada a grave en adultos, la artritis psoriásica activa en adultos y la artritis idiopática juvenil poliarticular en pacientes pediátricos, a partir de las edades y pesos establecidos en la ficha técnica. El abatacept intravenoso tiene además otros usos autorizados en el ámbito hospitalario.
Al bloquear la coestimulación de los linfocitos T, reduce la inflamación de la membrana sinovial, que es el motor de la enfermedad. Eso se traduce en menos dolor e hinchazón, menos rigidez matutina, mejor función física y, a mediano plazo, en un enlentecimiento del daño estructural que se ve en las radiografías. Es un tratamiento de fondo, no un analgésico.
Sí, y son los síntomas en los que los pacientes suelen notar primero la diferencia, sobre todo la rigidez matutina. Conviene recordar que el efecto es gradual: si necesita alivio inmediato durante las primeras semanas, su médico mantendrá otros medicamentos hasta que Ohrencia alcance su efecto pleno.
Sí, es una de sus indicaciones autorizadas en adultos. En la artritis psoriásica mejora la afectación articular y la función física. Su efecto sobre las lesiones de la piel suele ser más discreto que el de otros biológicos dirigidos específicamente contra la psoriasis, algo que su médico considera al elegir el tratamiento.
Sí, en la forma poliarticular, que es la que afecta cinco o más articulaciones. La dosis subcutánea es menor en niños y se ajusta por peso: existen presentaciones de 50 mg y 87.5 mg para los rangos de peso inferiores, y se usan los 125 mg a partir de 50 kg. La indica y supervisa un reumatólogo pediatra.
Puede mantenerse durante años mientras siga siendo eficaz y bien tolerado; no existe una duración máxima establecida. Si la enfermedad se mantiene en remisión de forma prolongada, el reumatólogo puede valorar espaciar las aplicaciones o reducir otros medicamentos, siempre de forma gradual y vigilada. Suspenderlo por cuenta propia suele llevar a una reactivación.
Cada jeringa prellenada contiene 125 mg de abatacept en 1 mL de solución lista para inyectar, sin necesidad de reconstituir ni diluir. La caja habitual trae cuatro jeringas, es decir, un mes de tratamiento a razón de una aplicación semanal. Existe además una presentación en autoinyector con la misma dosis.
El principio activo es el mismo; cambian la vía, la dosis y el lugar de aplicación. El subcutáneo es una dosis fija de 125 mg semanal, que el propio paciente puede aplicarse en casa. El intravenoso se calcula por peso corporal, se administra en infusión de 30 minutos en un hospital o unidad de infusión y se repite a las 2 y 4 semanas, y después cada 4 semanas. La eficacia es comparable.
Sobre todo por comodidad y autonomía: evita acudir cada mes a una unidad de infusión, reduce tiempos de traslado y permite mantener el tratamiento con una rutina sencilla en casa. También es la opción preferida cuando el acceso venoso es difícil o cuando la logística hospitalaria complica la continuidad del tratamiento.
Sí, es un cambio habitual y está contemplado en la ficha técnica. La primera dosis subcutánea se administra en lugar de la siguiente infusión intravenosa programada, y a partir de ahí se continúa cada semana. El cambio lo indica el reumatólogo; no debe hacerse por iniciativa propia.
Considera la preferencia del paciente y su capacidad o disposición para autoinyectarse, la distancia y el acceso a una unidad de infusión, la necesidad de una dosis de carga inicial, la presencia de problemas de coagulación o de piel en las zonas de aplicación, el peso y la edad —especialmente en niños— y la cobertura o disponibilidad de cada presentación.
Mediante una inyección subcutánea, es decir, en el tejido graso que está bajo la piel. Se toma un pliegue de piel, se introduce la aguja en el ángulo que le hayan enseñado y se inyecta el contenido completo de la jeringa lentamente. No se administra en el músculo ni en la vena.
Una vez por semana, siempre el mismo día, con o sin relación con los alimentos. La hora puede variar; lo importante es mantener el intervalo semanal. Elegir un día fijo y anotarlo en un calendario o alarma reduce los olvidos.
En el abdomen (evitando unos 5 cm alrededor del ombligo), en la cara anterior de los muslos y en la parte superior externa de los brazos —esta última, si se la aplica otra persona—. Son las zonas estándar para inyecciones subcutáneas.
Sí. La presentación subcutánea está diseñada para autoaplicación, siempre que el paciente —o un cuidador— haya recibido capacitación previa por parte del personal de salud. Es habitual que las primeras aplicaciones se hagan bajo supervisión hasta que la técnica sea segura y cómoda.
Debe aprender a: conservar y transportar las jeringas en frío; atemperarlas antes de inyectar; revisar el aspecto de la solución y la fecha de caducidad; elegir y rotar los sitios de aplicación; higiene de manos y antisepsia de la piel; la técnica de inyección propiamente dicha; el desecho seguro de la jeringa en un contenedor rígido; y reconocer qué señales de alarma obligan a llamar al médico.
Saque la jeringa del refrigerador y déjela entre 30 y 60 minutos a temperatura ambiente, dentro de su envase. No la caliente con agua caliente, microondas ni ningún otro medio, ni le quite el capuchón hasta el momento de inyectar. Revise que la solución esté transparente o ligeramente opalescente, incolora o amarillo pálido y sin partículas; no la agite. Lávese las manos y limpie la piel con alcohol, dejándola secar.
Sí. Rote el sitio en cada aplicación, dejando al menos unos 2.5 cm respecto del punto anterior. Inyectar siempre en la misma zona favorece el endurecimiento de la piel y los nódulos, y además puede alterar la absorción del medicamento.
No. Evite zonas enrojecidas, doloridas, endurecidas, con moretones, cicatrices, estrías o lesiones de psoriasis. En esas áreas la absorción es impredecible y la molestia mayor. Elija siempre piel sana e íntegra.
Aplíquesela en cuanto lo recuerde y continúe después con su día habitual de la semana. Si ya está muy cerca de la siguiente aplicación programada, omita la olvidada: nunca se aplique dos jeringas para compensar. Si los olvidos se repiten, coméntelo en consulta para buscar una estrategia de recordatorio.
Si sospecha que la jeringa se vació solo en parte, que el medicamento se derramó o que la aguja se salió antes de tiempo, no repita la dosis por su cuenta: llame a su médico o a la enfermera del programa y describa lo ocurrido. Conserve la jeringa utilizada si es posible. Aplicar una dosis extra por precaución conlleva más riesgo que esperar a la indicación del equipo.
Habitualmente: prueba de tuberculosis latente (PPD o IGRA) y radiografía de tórax, serologías de hepatitis B y C, biometría hemática, pruebas de función hepática y renal, revisión del esquema de vacunación y, en mujeres en edad reproductiva, prueba de embarazo si procede. También se documenta la actividad basal de la enfermedad para poder medir la respuesta.
Porque al reducir la respuesta inmunológica existe el riesgo de que una tuberculosis latente —una infección "dormida" que el organismo mantenía controlada— se reactive y se convierta en enfermedad activa. Detectarla antes permite tratarla y evitar esa complicación. Es un requisito estándar para todos los biológicos de este tipo.
No significa necesariamente que no pueda recibir el tratamiento. Lo habitual es iniciar primero el tratamiento de la tuberculosis latente (por ejemplo, con isoniazida, según el esquema que indique el médico) y comenzar Ohrencia después de un periodo de ese tratamiento, con vigilancia posterior. El infectólogo o neumólogo suele participar en esa decisión.
Informe si tiene o ha tenido tuberculosis o contacto con alguien que la padezca, hepatitis B o C, VIH, infecciones crónicas o recurrentes, herpes zóster, EPOC u otra enfermedad pulmonar crónica, diabetes, cáncer previo o actual, y si tiene úlceras o heridas abiertas. La EPOC merece mención aparte: en estos pacientes se han observado más eventos respiratorios durante el tratamiento.
Sí, sin falta. Un historial de infecciones repetidas —urinarias, respiratorias, de piel— indica un riesgo basal mayor, que el medicamento puede incrementar. Eso no impide necesariamente el tratamiento, pero cambia la vigilancia: su médico puede reforzar vacunas, indicar medidas preventivas y programar controles más frecuentes.
Todos: prescritos, de venta libre, vitaminas, suplementos y productos herbolarios. Es especialmente importante mencionar otros biológicos (como los anti-TNF), los inhibidores de JAK, los inmunosupresores, los corticosteroides y el metotrexato u otros FARME, porque determinan qué combinaciones son seguras y cuáles están desaconsejadas.
Sí. Al modular la activación de los linfocitos T, disminuye la capacidad de respuesta frente a microorganismos. Las más frecuentes son las infecciones de vías respiratorias superiores, la nasofaringitis, las infecciones urinarias y las de piel; con menor frecuencia se han descrito infecciones graves, incluidas neumonía, sepsis y reactivación de tuberculosis.
Fiebre, escalofríos, tos persistente o con flema, dificultad para respirar, dolor de garganta, ardor al orinar, diarrea importante, heridas enrojecidas o con pus, lesiones dolorosas en la piel con ampollas (posible herpes zóster) y cansancio inusual con malestar general. Avise a su médico ante cualquiera de ellos.
Comuníquese con su médico el mismo día y no aplique la siguiente dosis hasta recibir indicación. La fiebre en una persona con el sistema inmunológico modulado merece evaluación, porque los signos de infección pueden ser menos evidentes de lo habitual y una infección seria puede manifestarse de forma más discreta.
Ante una infección activa, lo indicado es posponer la aplicación y consultar. En infecciones leves y autolimitadas —un resfriado sin fiebre, por ejemplo— el médico puede autorizar continuar; ante una infección que requiere antibióticos o tratamiento antiviral, lo habitual es suspender temporalmente hasta que se resuelva. La decisión es siempre médica, no del paciente.
Sí. Las más relevantes son la tuberculosis latente y las hepatitis virales B y C, razón por la cual se investigan antes de iniciar. También puede reactivarse el virus varicela-zóster, causando herpes zóster. Por eso el cribado previo y la vigilancia durante el tratamiento no son trámites burocráticos.
Avise a su médico, sobre todo si el contacto fue con alguien con tuberculosis activa, varicela, herpes zóster o sarampión. Puede ser necesario vigilarle de cerca, realizar pruebas o indicar profilaxis. No espere a tener síntomas para informarlo.
Los más comunes son dolor de cabeza, infecciones de vías respiratorias superiores, nasofaringitis y náusea. En la presentación subcutánea se añaden las reacciones en el sitio de inyección. La mayoría son leves y no obligan a suspender el tratamiento.
Sí, es un efecto típico de la vía subcutánea: dolor, enrojecimiento, picor, hinchazón o un pequeño moretón, en general leves y de corta duración. Atemperar la jeringa antes de inyectar, rotar los sitios de aplicación e inyectar lentamente reduce estas molestias; aplicar frío local después también ayuda.
Sí. El dolor de cabeza y la náusea están entre sus efectos más frecuentes, y también pueden presentarse mareo, cansancio, dolor abdominal, aumento de la presión arterial, erupción cutánea o tos. Suelen ser leves; coméntelos en consulta si persisten o interfieren con su vida diaria.
Es poco frecuente, pero puede ocurrir. Se han descrito reacciones de hipersensibilidad, incluidas reacciones anafilácticas, que pueden aparecer incluso después de la primera dosis. Si ocurre una reacción grave, el medicamento debe suspenderse de forma definitiva y no volver a administrarse.
Busque atención urgente ante: dificultad para respirar o sibilancias, hinchazón de cara, labios, lengua o garganta, ronchas generalizadas, mareo intenso o desmayo (posible reacción alérgica grave); fiebre alta con escalofríos u otros signos de infección seria; lesiones en la piel con ampollas y dolor; o tos persistente, sudores nocturnos y pérdida de peso, que obligan a descartar tuberculosis.
Las vacunas inactivadas o no vivas —influenza, neumococo, COVID-19, hepatitis B, entre otras— sí pueden aplicarse durante el tratamiento y son recomendables. Las vacunas de virus vivos no deben administrarse ni durante el tratamiento ni dentro de los 3 meses siguientes a su suspensión.
Porque es la única ventana en la que puede recibir sin restricciones las vacunas vivas que necesite, y porque la respuesta inmunológica a cualquier vacuna será mejor antes de iniciar el tratamiento. Actualizar el esquema con anticipación —siguiendo las guías vigentes— evita retrasos posteriores en el inicio del biológico.
No. Las vacunas de virus vivos atenuados —triple viral, varicela, fiebre amarilla, BCG, entre otras— están contraindicadas durante el tratamiento y hasta 3 meses después de la última dosis, porque el microorganismo atenuado podría multiplicarse y causar enfermedad en una persona con la respuesta inmunológica disminuida.
Sí. Puede atenuar la eficacia de algunas inmunizaciones, es decir, que la protección obtenida sea menor de lo habitual. Eso no significa que deba evitarlas: las vacunas inactivadas siguen siendo recomendables. Cuando es posible, se procura aplicarlas antes de iniciar el tratamiento para lograr una mejor respuesta.
Sí, y es una combinación habitual y estudiada en la artritis reumatoide: muchos pacientes obtienen mejor control con ambos que con cualquiera por separado. Su médico decidirá si mantiene el metotrexato, ajusta la dosis o lo retira si no lo tolera.
Puede combinarse con FARME convencionales como metotrexato, leflunomida o sulfasalazina, y también con analgésicos, antiinflamatorios y corticosteroides según sea necesario. Lo que no se recomienda es combinarlo con otros biológicos ni con inhibidores de JAK.
Porque la combinación con un anti-TNF demostró, en ensayos clínicos, un aumento claro de infecciones —incluidas las graves— sin mejorar la eficacia. La misma precaución se extiende a otros biológicos para artritis y a los inhibidores de JAK. Sumar inmunomoduladores no suma beneficio, solo riesgo.
No por iniciativa propia. Como Ohrencia tarda semanas en alcanzar su efecto pleno, lo habitual es mantener el tratamiento previo al inicio e ir retirándolo o reduciéndolo de forma gradual según la respuesta —empezando con frecuencia por los corticosteroides—. Esa reducción la programa su reumatólogo.
La información disponible en embarazadas es limitada, por lo que en general no se recomienda salvo que el beneficio supere claramente el riesgo. Como otros anticuerpos y proteínas de fusión, el abatacept atraviesa la placenta, sobre todo en el tercer trimestre, lo que además condiciona el calendario de vacunas vivas del bebé durante sus primeros meses. La decisión debe tomarse con el reumatólogo y el obstetra antes de buscar el embarazo, cuando sea posible.
Avise de inmediato a su médico y no tome decisiones por su cuenta. El equipo valorará si conviene suspender el tratamiento, sustituirlo por otro con más experiencia en embarazo o mantenerlo, según la actividad de su enfermedad. También quedará registrada la exposición para planear el seguimiento del bebé.
No se dispone de información suficiente sobre su paso a la leche materna en humanos, por lo que la recomendación habitual es valorar caso por caso: decidir entre continuar el tratamiento o amamantar, considerando la necesidad del medicamento para la madre. Converse la decisión con su médico antes del parto.
En refrigeración, entre 2 y 8 °C, dentro de su estuche original para protegerla de la luz, y sin congelar. Guárdela en la parte central del refrigerador, nunca en la puerta ni pegada a la pared del fondo, donde puede congelarse, y manténgala fuera del alcance de los niños.
Sí. Es un medicamento biológico que requiere cadena de frío desde la farmacia hasta su casa. Al comprarla, exija entrega en contenedor refrigerado y colóquela en el refrigerador en cuanto llegue. Verifique que las jeringas lleguen frías.
No. La congelación puede dañar la proteína de forma irreversible y hacerle perder actividad, además de favorecer la formación de agregados que aumentan el riesgo de reacciones. Una jeringa que se congeló —o que se sospecha que se congeló— debe desecharse, aunque su aspecto parezca normal.
En una hielera o bolsa térmica con refrigerantes, evitando el contacto directo de la jeringa con el gel congelado, y en el equipaje de mano si viaja en avión, nunca documentado. Lleve consigo la receta o una carta de su médico para el control de seguridad, y al llegar coloque las jeringas en refrigeración lo antes posible.
No la aplique sin consultar. Llame a su farmacia o a su médico, indicando cuánto tiempo estuvo fuera y a qué temperatura aproximada. Tampoco la use si la solución se ve turbia, con partículas o con un color anormal, si la jeringa está dañada o si la fecha de caducidad ya pasó. Ante la duda, desecharla es más barato que un mes de tratamiento inefectivo.
Deposítela inmediatamente después de usarla en un contenedor rígido para punzocortantes, resistente a perforaciones y con tapa. No la tire a la basura común ni intente volver a tapar la aguja. Cuando el contenedor esté lleno hasta tres cuartas partes, llévelo a su farmacia, clínica o punto de recolección de residuos punzocortantes.
Sí. Ohrencia es un medicamento biológico de prescripción: su venta requiere receta médica con nombre y cédula profesional del reumatólogo o del médico tratante. Además, su inicio exige una valoración previa que incluye descartar tuberculosis latente y hepatitis virales, y revisar el esquema de vacunación. Una farmacia dispuesta a venderlo sin receta le está ofreciendo, en la práctica, saltarse esas comprobaciones: es una señal de alerta sobre la procedencia del producto.
Precios de referencia actualizados al 22 de September de 2026. Los precios pueden variar entre farmacias y con el tiempo.
En México, el precio de Ohrencia 125 mg (Abatacept) en su presentación de Caja con 4 jeringas prellenadas de 125 mg / mL para inyección subcutánea oscila aproximadamente entre $19500 MXN y $25000 MXN, según la farmacia.
El precio corresponde a la caja con 4 jeringas prellenadas. Como la aplicación subcutánea es de una jeringa por semana, cada caja cubre aproximadamente un mes de tratamiento, y conviene comparar el costo mensual y no solo el precio de una caja aislada: la diferencia entre farmacias, sostenida a lo largo de un año de tratamiento, resulta considerable. Al tratarse de una terapia para enfermedades crónicas como la artritis reumatoide, que se mantiene durante años, ese cálculo anual es el que refleja el gasto real. Si el médico indica una dosis de carga intravenosa al inicio, esa primera administración se realiza en un hospital o unidad de infusión y tiene un costo aparte.
Abatacept
125 mg / mL por jeringa prellenada
Proteína de fusión CTLA-4 Ig que bloquea la coestimulación CD80/CD86 - CD28 del linfocito T
| Farmacia | Precio (Caja con 4 jeringas prellenadas de 125 mg / mL para inyección subcutánea) |
|---|---|
| Farmacia Oncológica Santa RitaFarmacia de alta especialidad · medicamento auténtico verificado | $19,500 MXNComprar ahora |
| Farmacias Especializadas | $22,849.94 MXN |
| Curitek | $25,000 MXN |
Precios de referencia recabados de farmacias especializadas en México. No constituyen una oferta de venta ni reemplazan la cotización directa con cada establecimiento.
Para identificar Ohrencia 125 mg original, revise que el estuche llegue sellado, con el nombre del laboratorio, el número de lote y la fecha de caducidad legibles y coincidentes entre la caja y la etiqueta de cada jeringa, y que el protector de aguja y el envase individual estén intactos. La solución debe verse transparente o ligeramente opalescente, de incolora a amarillo pálido, sin partículas visibles, y la caja debe llegar fría, porque Ohrencia se conserva entre 2 y 8 °C, protegida de la luz y sin congelar. Desconfíe de los precios muy por debajo del mercado y de las ventas por redes sociales, aplicaciones de mensajería o sitios sin domicilio verificable: un biológico falso, caducado o que perdió la cadena de frío puede no controlar la inflamación, y en la artritis reumatoide cada mes sin control efectivo se traduce en daño articular que no se recupera. Adquiéralo únicamente en farmacias con farmacéutico responsable que garanticen la cadena de frío y emitan factura.
En nuestras referencias de 2026, la caja con 4 jeringas prellenadas va de $19,500 a $25,000 MXN según la farmacia, y Farmacia Oncológica Santa Rita ofrece el precio más accesible. Como se aplica una jeringa por semana, cada caja corresponde aproximadamente a un mes de tratamiento.
Ohrencia contiene abatacept, un medicamento biológico que modula la activación de los linfocitos T. Se utiliza en artritis reumatoide activa de moderada a grave, en artritis psoriásica y en determinadas formas de artritis idiopática juvenil, con el objetivo de reducir la inflamación, aliviar los síntomas y frenar el daño articular.
La presentación de 125 mg se aplica por vía subcutánea una vez por semana, siempre el mismo día. Algunos pacientes reciben al inicio una dosis de carga intravenosa, calculada por peso, y a partir de ahí continúan con la aplicación semanal.
Sí. Ohrencia 125 mg está diseñada para autoaplicación, pero solo después de recibir capacitación del personal de salud sobre la técnica, la rotación de los sitios de inyección, el manejo de la cadena de frío y el desecho seguro de la jeringa. Las primeras aplicaciones suelen supervisarse.
Sí. Debe conservarse en refrigeración entre 2 y 8 °C, dentro de su estuche para protegerla de la luz, y nunca debe congelarse. Antes de aplicarla se deja a temperatura ambiente entre 30 y 60 minutos, sin calentarla con agua caliente, microondas ni ninguna otra fuente de calor.
Sí. Ohrencia es un medicamento biológico de prescripción; su venta requiere receta médica del reumatólogo o del médico tratante, y su inicio exige una valoración previa que incluye descartar tuberculosis latente y hepatitis virales.