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Si a usted o a un familiar le indicaron Tysabri, esta guía está pensada para pacientes: primero explica de forma clara qué es el medicamento, cómo actúa en la esclerosis múltiple y qué vigilancia específica exige, y después detalla su precio en México por farmacia. Así puede resolver sus dudas antes y durante el tratamiento, y comprarlo con seguridad.
Nota editorial: Tysabri contiene natalizumab, un medicamento biológico que actúa sobre el sistema inmunológico y se utiliza principalmente como tratamiento modificador de la enfermedad para determinadas formas de esclerosis múltiple (EM). Natalizumab es un anticuerpo monoclonal que se une a la integrina α4 y dificulta el paso de determinadas células inmunitarias hacia el sistema nervioso central, ayudando a reducir la actividad inflamatoria relacionada con la esclerosis múltiple. Tysabri se administra mediante infusión intravenosa bajo supervisión médica y requiere un seguimiento específico debido, entre otros aspectos, al riesgo de infecciones y de una infección cerebral poco frecuente pero grave denominada leucoencefalopatía multifocal progresiva (LMP o PML), asociada al virus JC. La indicación, continuidad y vigilancia del tratamiento deben ser determinadas por un especialista considerando individualmente sus beneficios y riesgos.
Tysabri es un medicamento biológico que se administra por vía intravenosa y cuyo principio activo es el natalizumab. Se presenta en frascos ámpula de 300 mg. Sirve como tratamiento modificador de la enfermedad en las formas recurrentes de esclerosis múltiple: reduce la frecuencia de las recaídas, disminuye la aparición de nuevas lesiones y puede retrasar la progresión de la discapacidad. Es uno de los tratamientos de mayor eficacia disponibles y, al mismo tiempo, uno de los que exige una vigilancia más estricta.
El natalizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado que se une a la subunidad alfa-4 de las integrinas, unas moléculas de adhesión situadas en la superficie de los linfocitos. Esas integrinas funcionan como el "gancho" con el que las células inmunitarias se agarran a la pared de los vasos sanguíneos para poder atravesarla. Al bloquearlas, el natalizumab impide que los linfocitos crucen la barrera hematoencefálica y lleguen al cerebro y la médula espinal. Dicho de forma sencilla, no destruye las células inmunitarias: les cierra la puerta de entrada al sistema nervioso.
Técnicamente es un inmunomodulador selectivo que actúa impidiendo la migración de las células, no destruyéndolas ni reduciendo su número global en la sangre. De hecho, durante el tratamiento suele observarse un aumento de linfocitos circulantes, precisamente porque no pueden salir hacia los tejidos. Sin embargo, ese bloqueo deja al sistema nervioso central con una vigilancia inmunológica reducida, y ese es justamente el mecanismo que explica el riesgo de leucoencefalopatía multifocal progresiva.
Está indicado en las formas recurrentes de esclerosis múltiple, es decir, la forma remitente-recurrente y la secundaria progresiva con actividad. Suele reservarse para pacientes con enfermedad muy activa, ya sea porque no respondieron de forma adecuada a otro tratamiento modificador o porque la enfermedad se presenta desde el inicio con una agresividad importante. No está indicado en la esclerosis múltiple primaria progresiva.
Las lesiones de la esclerosis múltiple se producen cuando células inmunitarias activadas atraviesan la barrera hematoencefálica y atacan la mielina. Al bloquear el mecanismo de adhesión que necesitan para cruzar, Tysabri corta el proceso en su punto más temprano: si las células no entran, no hay inflamación ni desmielinización nueva. En los ensayos clínicos, esto se tradujo en reducciones muy marcadas de la tasa de recaídas y del número de lesiones activas en resonancia magnética.
No. No existe cura para la esclerosis múltiple. Tysabri controla la actividad inflamatoria de la enfermedad mientras se administra, pero no repara el daño neurológico ya establecido ni elimina la enfermedad. Su efecto depende de mantener el tratamiento: al suspenderlo, la actividad puede regresar, en ocasiones con más intensidad que antes.
El bloqueo de las integrinas se produce desde la primera infusión, y la reducción de lesiones activas en resonancia puede apreciarse en los primeros meses. El beneficio clínico sobre las recaídas se valora a lo largo de meses, ya que se mide por la ausencia de episodios nuevos. Como ocurre con todos los tratamientos modificadores, el éxito consiste en que no pase nada, algo que el paciente no experimenta como una mejoría.
Se combinan tres elementos: la ausencia de recaídas clínicas, la resonancia magnética de control sin lesiones nuevas ni lesiones que capten contraste, y la estabilidad de la discapacidad medida con escalas neurológicas. En conjunto se persigue lo que se denomina ausencia de evidencia de actividad de la enfermedad. Si aparece actividad pese al tratamiento, el neurólogo investigará también si se han desarrollado anticuerpos contra el natalizumab.
Se considera en pacientes con esclerosis múltiple recurrente muy activa: aquellos que siguen presentando brotes o lesiones nuevas a pesar de un tratamiento modificador previo, y aquellos con enfermedad grave de evolución rápida desde el diagnóstico. La decisión pondera cuidadosamente el beneficio esperado frente al riesgo de leucoencefalopatía multifocal progresiva, que depende sobre todo del estado de anticuerpos frente al virus JC.
Antes de la primera infusión se realizan una prueba de anticuerpos contra el virus JC con su índice, una resonancia magnética basal reciente, análisis de sangre con biometría hemática y pruebas de función hepática, descarte de infecciones activas, revisión de los tratamientos inmunosupresores recibidos anteriormente y, en mujeres con capacidad de embarazarse, prueba de embarazo. También se informa detalladamente al paciente sobre los síntomas de la LMP.
Sí, es indispensable. Esta prueba es la piedra angular de la evaluación del riesgo con Tysabri. Detecta si el paciente ha tenido contacto con el virus JC y, además del resultado positivo o negativo, informa del índice de anticuerpos, un valor numérico que ayuda a estratificar el riesgo con más precisión. Sin este dato no puede tomarse una decisión informada sobre el tratamiento.
Por dos razones. La primera es documentar la actividad de la enfermedad en ese momento, para poder comparar después. La segunda, igual de importante, es disponer de una imagen de referencia con la que contrastar las resonancias futuras: las lesiones de la LMP tienen características distintas a las de la esclerosis múltiple, y detectar un cambio sospechoso de forma temprana depende de tener una imagen previa con la cual compararlo.
No existe una duración máxima establecida, y muchos pacientes lo reciben durante años. Sin embargo, el tratamiento se revisa de forma continua porque el riesgo de LMP aumenta con el tiempo de exposición, sobre todo a partir de los dos años en pacientes con anticuerpos contra el virus JC positivos. Esa revisión periódica del balance entre beneficio y riesgo es parte inseparable del tratamiento.
Valora el estado y el índice de anticuerpos contra el virus JC, el tiempo acumulado de tratamiento, el uso previo de inmunosupresores, la eficacia obtenida hasta el momento, los hallazgos de las resonancias de control, la tolerancia y la existencia de alternativas terapéuticas adecuadas. También pesa la preferencia informada del paciente, que debe conocer con claridad tanto el beneficio como el riesgo.
El bloqueo desaparece progresivamente y las células inmunitarias vuelven a poder entrar al sistema nervioso central. En consecuencia, la actividad de la enfermedad puede regresar, habitualmente entre los tres y los seis meses posteriores a la última dosis. Por eso la suspensión debe planificarse siempre con el neurólogo, que decidirá con qué tratamiento y en qué momento tomar el relevo.
Sí, y en algunos pacientes de forma más intensa que antes de iniciar el tratamiento. Es el fenómeno conocido como reactivación o rebote, que puede cursar con brotes graves y con numerosas lesiones nuevas en resonancia. Es una de las razones por las que nunca debe suspenderse Tysabri por cuenta propia y por las que el cambio a otro tratamiento se planifica cuidadosamente en el tiempo.
Se administra mediante infusión intravenosa. El contenido del frasco ámpula se diluye en solución salina y se infunde con velocidad controlada en un hospital o unidad de infusión, por personal capacitado. Nunca se aplica en bolo ni se mezcla con otros medicamentos. Existe también una presentación subcutánea en algunos mercados, pero la vía intravenosa es la más utilizada.
Cada cuatro semanas, es decir, aproximadamente 13 infusiones al año. En pacientes seleccionados con anticuerpos contra el virus JC positivos, algunos centros utilizan un esquema con intervalos más prolongados, de unas seis semanas, con la intención de reducir el riesgo de LMP manteniendo la eficacia. Esa modalidad debe indicarla y supervisarla el neurólogo.
La infusión dura aproximadamente una hora. A ese tiempo hay que sumar la preparación, la colocación del acceso venoso y, sobre todo, el periodo de observación posterior de al menos una hora más. En la práctica, conviene reservar entre dos y tres horas para cada cita.
En un hospital, clínica o unidad de infusión con personal capacitado y con medicamentos y equipo de reanimación disponibles de inmediato. En muchos países, además, el tratamiento se administra dentro de programas de vigilancia específicos que registran a cada paciente y su seguimiento. No debe administrarse en el domicilio.
Porque pueden presentarse reacciones de hipersensibilidad, incluida la anafilaxia, que aparecen habitualmente durante la infusión o en la hora siguiente y requieren tratamiento inmediato. La supervisión también permite detectar reacciones leves —enrojecimiento, escalofríos, mareo— y actuar enlenteciendo o deteniendo la infusión antes de que progresen.
Sí. Se recomienda permanecer en observación durante al menos una hora después de finalizada la infusión, con control de signos vitales. Esta medida es especialmente importante en las primeras aplicaciones. Antes de irse a casa, el personal le explicará los síntomas por los que debe volver o acudir a urgencias.
Avise al centro lo antes posible para reprogramar la cita en la fecha más cercana posible a la original. No intente compensar duplicando dosis. Mantener la regularidad del esquema es importante, ya que los intervalos prolongados permiten que el bloqueo disminuya y la enfermedad recupere actividad.
El efecto del natalizumab disminuye progresivamente y puede reaparecer actividad de la enfermedad. Si el retraso ha sido considerable, el neurólogo valorará cómo reanudar el tratamiento y, en algunos casos, si conviene realizar una resonancia de control antes de la siguiente infusión. Comunique siempre los retrasos en lugar de simplemente retomar el calendario por su cuenta.
La leucoencefalopatía multifocal progresiva es una infección grave del cerebro causada por el virus JC, que destruye la mielina y puede provocar discapacidad severa o la muerte. Su relación con Tysabri se explica por el propio mecanismo del medicamento: al impedir que las células inmunitarias entren al sistema nervioso central, se reduce también la vigilancia frente a infecciones dentro del cerebro, lo que puede permitir que el virus JC se reactive allí. Es un riesgo poco frecuente pero real, y toda la estructura de seguimiento del tratamiento gira en torno a detectarlo a tiempo.
El virus JC es un poliomavirus extremadamente común: se estima que entre la mitad y el 70 % de la población adulta lo ha adquirido, habitualmente en la infancia o la juventud, sin ningún síntoma. En una persona con el sistema inmunológico normal permanece latente e inofensivo, alojado principalmente en los riñones. Solo causa enfermedad cuando la vigilancia inmunológica se ve comprometida.
Significa que el organismo ha estado en contacto con el virus en algún momento y lo alberga de forma latente. No indica infección activa ni enfermedad. Su relevancia es que identifica al grupo de pacientes en los que la LMP es posible, ya que quien nunca ha tenido contacto con el virus tiene un riesgo muy bajo. El resultado se acompaña de un índice numérico: cuanto más alto, mayor el riesgo estimado.
No, en absoluto. La inmensa mayoría de las personas con anticuerpos positivos que reciben Tysabri nunca desarrollan LMP. Un resultado positivo no contraindica automáticamente el tratamiento: lo que hace es cambiar el cálculo de riesgo y, con él, la estrategia de vigilancia, la frecuencia de las resonancias y la conversación sobre cuánto tiempo mantener el tratamiento. Muchos pacientes positivos reciben Tysabri con seguridad bajo un seguimiento adecuado.
Son tres, y su efecto se suma: la presencia de anticuerpos contra el virus JC, especialmente con un índice elevado; el tiempo acumulado de tratamiento, sobre todo a partir de los dos años; y el uso previo de medicamentos inmunosupresores, como mitoxantrona, azatioprina, metotrexato, ciclofosfamida o micofenolato. Un paciente sin ninguno de los tres factores tiene un riesgo muy bajo; uno con los tres, un riesgo considerablemente mayor.
Sí. El riesgo es muy bajo durante el primer año y aumenta de forma progresiva a partir de ese momento, con un incremento más marcado después de los 24 meses de tratamiento en pacientes con anticuerpos positivos. Por eso el segundo año suele ser un punto de revisión formal en el que paciente y neurólogo replantean la continuidad del tratamiento.
Porque el antecedente de inmunosupresión es un factor de riesgo independiente para la LMP, incluso si el tratamiento se recibió años atrás y ya se suspendió. Cambia la estimación del riesgo y, con ella, la decisión de iniciar Tysabri y la intensidad del seguimiento. Informe de cualquier tratamiento inmunosupresor recibido, aunque haya sido por otra enfermedad y hace mucho tiempo.
En pacientes con resultado negativo, suele repetirse cada seis meses, ya que puede producirse una seroconversión, es decir, adquirir el virus durante el tratamiento. En pacientes ya positivos, puede repetirse periódicamente para seguir la evolución del índice de anticuerpos. La pauta exacta la define el neurólogo.
Por dos motivos: valorar la eficacia del tratamiento y, sobre todo, detectar precozmente una posible LMP, incluso antes de que aparezcan síntomas. Las lesiones de la LMP tienen un aspecto característico que un radiólogo experimentado puede distinguir de las de la esclerosis múltiple. En pacientes de mayor riesgo, las resonancias se realizan con más frecuencia, en ocasiones cada tres a seis meses.
Los síntomas de la LMP suelen ser progresivos a lo largo de días o semanas, a diferencia de un brote de esclerosis múltiple, que aparece de forma más rápida y suele mejorar. Debe conocer y vigilar: cambios de personalidad o de comportamiento, confusión o problemas de memoria, dificultad para hablar o para entender, debilidad progresiva de un lado del cuerpo, torpeza y pérdida de coordinación, alteraciones de la visión y, en algunos casos, convulsiones. Los cambios cognitivos y de conducta son especialmente característicos.
Contacte a su neurólogo de inmediato, sin esperar a la siguiente infusión ni a la siguiente consulta. Describa qué síntoma es, cuándo comenzó y cómo ha evolucionado. Ante la sospecha de LMP, la conducta habitual es suspender el tratamiento y realizar con urgencia una resonancia magnética y, si procede, una punción lumbar para buscar el ADN del virus JC en el líquido cefalorraquídeo. La detección temprana mejora de forma sustancial el pronóstico.
El seguimiento incluye consultas neurológicas periódicas, resonancias magnéticas programadas, pruebas de anticuerpos contra el virus JC repetidas, análisis de sangre con biometría hemática y pruebas de función hepática, revisión de las infecciones presentadas y una valoración explícita de los síntomas de alarma en cada visita. Todo ello se organiza en torno a las infusiones mensuales.
Se solicitan de forma periódica biometría hemática completa, pruebas de función hepática (transaminasas y bilirrubina), y la serología del virus JC con su índice. Según el caso, pueden añadirse la determinación de anticuerpos contra natalizumab y otros estudios orientados por los síntomas del paciente.
Porque se han reportado casos de daño hepático, incluidas elevaciones importantes de las enzimas del hígado y de la bilirrubina, en ocasiones tras una sola dosis y en ocasiones tras meses de tratamiento. Aunque son poco frecuentes, pueden ser graves. Ante una alteración hepática significativa, la indicación es suspender el medicamento.
Cumplen una doble función que las hace insustituibles. Por un lado miden la eficacia: si no aparecen lesiones nuevas, el tratamiento está funcionando. Por otro, son la herramienta principal de vigilancia de la LMP, capaz de detectar lesiones sospechosas antes de que el paciente presente síntomas. Esta segunda función explica por qué, en pacientes de riesgo elevado, se realizan con una frecuencia mucho mayor de la habitual en la esclerosis múltiple.
Son anticuerpos que el sistema inmunológico de algunos pacientes produce contra el propio medicamento. Cuando son persistentes, neutralizan el natalizumab y provocan dos consecuencias: pérdida de eficacia, con reaparición de brotes, y mayor frecuencia de reacciones a la infusión. Suelen aparecer en los primeros seis meses de tratamiento. Si se sospechan, se determinan en sangre y, de confirmarse su persistencia en dos muestras separadas, se suspende el tratamiento.
Los más comunes son dolor de cabeza, cansancio, infecciones de vías urinarias y de vías respiratorias, dolor articular, náuseas, mareo, malestar general y reacciones relacionadas con la infusión. También pueden presentarse erupción cutánea, dolor abdominal y alteraciones menstruales. La mayoría son leves o moderados.
Sí, ambos figuran entre sus efectos adversos más frecuentes. Suelen aparecer en las horas o los días posteriores a la infusión y ceden solos. Ayuda mantener una buena hidratación y descansar el día de la aplicación. Consulte si el dolor de cabeza es intenso, distinto del habitual o se acompaña de otros síntomas neurológicos.
Sí. Es habitual sentir náuseas, dolores articulares o musculares, malestar general y cansancio en las 24 a 48 horas siguientes, un cuadro que muchos pacientes describen como parecido a un resfriado leve. Suele mejorar con reposo, hidratación y analgésicos indicados por el médico. Si estos síntomas se repiten de forma intensa en cada aplicación, coménteselo a su neurólogo.
Sí. Las reacciones de hipersensibilidad aparecen habitualmente durante la infusión o en la hora siguiente, y son más frecuentes en las primeras aplicaciones, especialmente en la segunda. La mayoría son leves —enrojecimiento, comezón, escalofríos, mareo— y se manejan enlenteciendo o deteniendo la infusión. Su aparición debe hacer sospechar también la presencia de anticuerpos contra el natalizumab.
Los signos de alarma son dificultad para respirar, sibilancias, sensación de opresión en el pecho o la garganta, hinchazón de la cara, los labios o la lengua, urticaria extensa, mareo intenso, caída de la presión arterial y desmayo. Ante cualquiera de ellos, el personal detiene la infusión de inmediato y aplica el protocolo de urgencia. Tras una reacción grave, el medicamento no debe volver a administrarse.
Sí. Se han descrito casos de lesión hepática, con elevación importante de las enzimas del hígado y de la bilirrubina, que pueden aparecer tras la primera dosis o después de meses de tratamiento. Informe de inmediato si presenta coloración amarilla de la piel o los ojos, orina oscura, náuseas persistentes, dolor en la parte superior derecha del abdomen o cansancio inusual.
Sí. Además de la LMP, se ha reportado un aumento de infecciones de vías urinarias, respiratorias, por herpes —incluidas la encefalitis y la meningitis herpéticas, poco frecuentes pero graves— y, de forma excepcional, otras infecciones oportunistas del sistema nervioso central. Cualquier infección debe atenderse pronto e informando siempre que se recibe natalizumab.
Acuda de urgencia ante síntomas neurológicos nuevos o de progresión gradual —cambios de conducta, confusión, alteraciones del habla o de la visión, debilidad de un lado del cuerpo, torpeza—; signos de reacción alérgica grave; fiebre alta o signos de infección grave, especialmente con dolor de cabeza intenso o rigidez de nuca; coloración amarilla de piel u ojos; y dolor de cabeza intenso y distinto del habitual.
Mantenga al día las vacunas no vivas indicadas por su médico, cuide la higiene de manos y la salud bucal, atienda pronto cualquier herida, evite el contacto estrecho con personas con infecciones respiratorias activas, consuma alimentos bien cocidos y agua segura, y no retrase la consulta ante síntomas urinarios o respiratorios. Avise de su tratamiento antes de cualquier cirugía o procedimiento dental.
Contacte a su médico y mencione expresamente que recibe natalizumab, ya que ese dato modifica la evaluación. Preste especial atención si la fiebre se acompaña de dolor de cabeza intenso, rigidez de nuca, confusión o alteraciones neurológicas, ya que en ese caso debe acudir a urgencias sin demora. No se automedique con antibióticos.
Sí, siempre, y antes de acudir al centro de infusión. Ante una infección activa relevante, la conducta habitual es posponer la infusión hasta su resolución. Retrasar unos días una dosis es preferible a administrarla con una infección en curso. La decisión corresponde al neurólogo.
Sí, puede recibir vacunas inactivadas o no vivas —influenza inyectable, neumococo, hepatitis B, COVID-19— bajo indicación de su médico. La respuesta inmunológica suele ser adecuada. Lo ideal es revisar y completar el esquema de vacunación antes de iniciar el tratamiento.
Sí. Las vacunas vivas atenuadas —triple viral, varicela, fiebre amarilla, BCG, polio oral o influenza intranasal— deben evitarse durante el tratamiento por precaución, dado que el medicamento modifica la respuesta inmunológica. Si necesita alguna, debe aplicarse antes de iniciar Tysabri, con el margen que indique su médico. Esto es especialmente relevante si planea viajar a zonas donde se exige la vacuna de la fiebre amarilla.
Las interacciones más relevantes no son metabólicas, sino inmunológicas: cualquier medicamento que reduzca las defensas —inmunosupresores, otros tratamientos modificadores de la esclerosis múltiple, corticosteroides en uso prolongado, quimioterapia— suma riesgo de infecciones y, en particular, de LMP. Informe también de los tratamientos oncológicos y de los productos herbales o suplementos que utilice.
No. No debe combinarse con otros tratamientos modificadores ni con inmunosupresores, porque la combinación aumenta de forma importante el riesgo de infecciones graves y de LMP sin beneficio demostrado. La excepción es el uso puntual de corticosteroides para tratar un brote agudo, que sí está contemplado.
Porque, como ya se ha señalado, el antecedente de inmunosupresión es uno de los tres factores de riesgo principales para la LMP, y su efecto persiste aunque el tratamiento se haya suspendido hace años. Este dato modifica la estimación del riesgo, la decisión de iniciar Tysabri y la frecuencia de las resonancias de vigilancia. Es una de las informaciones más importantes que puede aportar antes de comenzar.
Se planifica considerando el mecanismo y la duración del efecto del tratamiento previo. Desde tratamientos de eficacia moderada, el cambio suele ser relativamente directo tras un intervalo corto. Desde fármacos con efecto inmunosupresor prolongado, puede requerirse un periodo de lavado y la comprobación de que los recuentos de linfocitos se han recuperado. Ese intervalo debe ser el mínimo necesario, para no dar margen a que la enfermedad se reactive.
Sí, y aquí el equilibrio es especialmente delicado. Un intervalo demasiado largo favorece la reactivación o el rebote de la enfermedad; uno demasiado corto puede sumar los efectos inmunosupresores de ambos tratamientos y aumentar el riesgo de infecciones. La mayoría de los protocolos plantean iniciar el nuevo tratamiento en un plazo relativamente breve tras la última infusión, con vigilancia estrecha. La planificación corresponde al neurólogo.
Su uso durante el embarazo debe valorarse de forma individual. Los datos disponibles no han mostrado un aumento claro de malformaciones, pero el natalizumab atraviesa la placenta, sobre todo en el tercer trimestre, y se han descrito alteraciones hematológicas transitorias en recién nacidos expuestos, como anemia y descenso de plaquetas. En pacientes con enfermedad muy activa, suspender el tratamiento también implica un riesgo importante de reactivación, por lo que la decisión pondera ambos escenarios.
Informe a su neurólogo de inmediato, sin suspender ni continuar el tratamiento por decisión propia. El equipo médico valorará los riesgos y beneficios en su caso concreto, coordinará el seguimiento con el obstetra y planificará la vigilancia del recién nacido, incluida una biometría hemática si hubo exposición en el tercer trimestre. Existen registros de embarazo a los que puede notificarse el caso.
Es posible, pero conlleva un riesgo real de reactivación de la enfermedad durante la gestación o el posparto. Algunos protocolos plantean mantener el tratamiento hasta un momento determinado del embarazo y suspenderlo después, precisamente para reducir la exposición del feto en el tercer trimestre sin dejar a la madre sin protección durante meses. La estrategia debe individualizarse y decidirse antes de la concepción siempre que sea posible.
Se ha detectado el paso del natalizumab a la leche materna en cantidades variables, y los datos sobre sus efectos en el lactante son limitados. Por ello, la decisión debe tomarse de forma individual valorando el beneficio de la lactancia frente al del tratamiento. Coméntelo con su neurólogo y su pediatra antes de decidir.
Acuda puntualmente a sus infusiones y a sus resonancias de control, conozca y vigile los síntomas de la LMP, informe cualquier cambio neurológico sin demora, atienda pronto las infecciones, mantenga las vacunas no vivas al día y avise de su tratamiento a cualquier médico que lo atienda. Es muy recomendable que un familiar cercano también conozca los síntomas de alarma, ya que los cambios de conducta o cognitivos con frecuencia los detecta antes el entorno que el propio paciente.
Sí, planificando las fechas de las infusiones alrededor del viaje para no retrasarlas. Lleve consigo un informe médico que indique su diagnóstico y su tratamiento, e identifique con antelación un centro de referencia en su destino por si necesita atención. Recuerde que las vacunas vivas, como la de la fiebre amarilla exigida en algunos países, están desaconsejadas durante el tratamiento, por lo que conviene consultarlo con mucha antelación.
El frasco ámpula debe conservarse en refrigeración, entre 2 y 8 °C, en su empaque original para protegerlo de la luz. No debe congelarse ni agitarse. Una vez diluido, debe administrarse dentro del plazo establecido por el protocolo. El almacenamiento y la preparación los realiza personal capacitado de la farmacia hospitalaria.
Sí, la refrigeración continua es indispensable desde el laboratorio hasta la unidad donde se administra. Si usted adquiere el medicamento en una farmacia y lo traslada al centro de infusión, debe transportarlo en una hielera con geles refrigerantes, evitando el contacto directo del frasco con el hielo, y entregarlo cuanto antes al personal de salud. Solicite siempre a la farmacia que documente el manejo en frío.
Porque el natalizumab es una proteína biológica cuya actividad depende de que su estructura permanezca intacta, y la congelación, el calor o la agitación pueden inactivarla sin que el aspecto del líquido cambie. En un tratamiento cuyo objetivo es que no aparezcan brotes, una dosis inactiva no produce ningún síntoma inmediato: el paciente se cree protegido mientras la enfermedad recupera actividad. La cadena de frío documentada forma parte del medicamento, no de la logística.
Sí. Tysabri es un medicamento biológico de prescripción y de aplicación hospitalaria, por lo que su venta requiere receta médica emitida por el neurólogo tratante, con nombre y cédula profesional del médico y datos del paciente. Ninguna farmacia formal lo dispensa sin ella, y su administración debe realizarse en una unidad médica con personal capacitado y dentro de un esquema de vigilancia. Si un vendedor le ofrece el producto sin receta, considérelo una señal de alerta sobre su procedencia.
Precios de referencia actualizados al 20 de August de 2026. Los precios pueden variar entre farmacias y con el tiempo.
En México, el precio de Tysabri (Natalizumab) en su presentación de Frasco ámpula de 300 mg / 15 mL, concentrado para solución para infusión intravenosa oscila aproximadamente entre $40000 MXN y $65177 MXN, según la farmacia.
El precio que se muestra corresponde a un frasco ámpula de Tysabri 300 mg, que equivale exactamente a una dosis: el esquema estándar consiste en una infusión de 300 mg cada cuatro semanas, es decir, un frasco por aplicación. Esto facilita el cálculo del gasto, ya que un año de tratamiento requiere alrededor de 13 infusiones. A ese costo hay que sumar el de la administración en hospital o unidad de infusión, incluido el periodo de observación posterior, y el del seguimiento obligatorio: resonancias magnéticas periódicas, análisis de sangre y pruebas de anticuerpos contra el virus JC.
Natalizumab
300 mg por frasco ámpula (20 mg/mL)
Anticuerpo monoclonal humanizado IgG4 dirigido contra la subunidad alfa-4 de las integrinas de los linfocitos
| Farmacia | Precio (Frasco ámpula de 300 mg / 15 mL, concentrado para solución para infusión intravenosa) |
|---|---|
| Farmacia Oncológica Santa RitaFarmacia de alta especialidad · medicamento auténtico verificado · cadena de frío garantizada | $40,000 MXNComprar ahora |
| Farmacia Macross | $49,100 MXN |
| Farmacias Especializadas | $65,177 MXN |
Precios de referencia recabados de farmacias especializadas en México. No constituyen una oferta de venta ni reemplazan la cotización directa con cada establecimiento.
Para identificar Tysabri original, revise que la caja llegue sellada, con el nombre del laboratorio (Biogen), el número de lote y la fecha de caducidad legibles y coincidentes entre el estuche y la etiqueta del frasco ámpula. La solución debe verse incolora o ligeramente amarillenta, transparente u opalescente, sin partículas visibles. El producto debe entregarse frío, en empaque con control de temperatura, nunca a temperatura ambiente ni congelado. Desconfíe de los precios muy por debajo del mercado y de las ventas por redes sociales, aplicaciones de mensajería o sitios sin domicilio verificable: el natalizumab es un anticuerpo monoclonal que pierde actividad si se congela, se agita o se rompe la cadena de frío, y como el efecto del tratamiento consiste en que no aparezcan brotes nuevos, una dosis inactiva no produce ningún síntoma inmediato mientras la esclerosis múltiple recupera actividad en silencio hasta la siguiente resonancia. Adquiéralo únicamente en farmacias con farmacéutico responsable que emitan factura y puedan documentar el manejo en refrigeración.
En nuestras referencias de 2026, el frasco ámpula de Tysabri 300 mg va de $40,000 a $65,177 MXN según la farmacia, y Farmacia Oncológica Santa Rita ofrece el precio más accesible. Como un frasco equivale a una dosis y las infusiones son cada cuatro semanas, el gasto anual corresponde aproximadamente a 13 aplicaciones.
Tysabri contiene natalizumab, un anticuerpo monoclonal que bloquea la integrina alfa-4 e impide que las células inmunitarias atraviesen la barrera hematoencefálica hacia el sistema nervioso central. Se utiliza como tratamiento modificador de la enfermedad en las formas recurrentes de esclerosis múltiple, y es uno de los tratamientos de mayor eficacia disponibles.
Una infusión intravenosa de 300 mg cada cuatro semanas, en un hospital o unidad de infusión. La aplicación dura aproximadamente una hora y va seguida de al menos otra hora de observación. En algunos pacientes seleccionados, el neurólogo puede indicar un esquema con intervalos más prolongados para reducir el riesgo de leucoencefalopatía multifocal progresiva.
Es un análisis de sangre que detecta anticuerpos contra el virus JC, un virus muy común que la mayoría de las personas porta sin síntomas. Su presencia indica exposición previa y es el principal factor de riesgo para desarrollar leucoencefalopatía multifocal progresiva, una infección cerebral poco frecuente pero grave asociada al natalizumab. El resultado, junto con el índice de anticuerpos, el tiempo de tratamiento y el uso previo de inmunosupresores, permite estimar ese riesgo y decidir la conducta.
La actividad de la enfermedad puede regresar y, en algunos pacientes, hacerlo con más intensidad que antes de iniciar, un fenómeno conocido como reactivación o rebote, que suele presentarse en los meses siguientes a la última dosis. Por eso la suspensión nunca debe decidirse por cuenta propia: el neurólogo planifica el momento y el tratamiento que tomará el relevo.
Sí. Tysabri es un medicamento biológico de prescripción y de aplicación hospitalaria; su venta requiere receta médica emitida por el neurólogo tratante, con nombre y cédula profesional del médico y datos del paciente. Además debe ser preparado y administrado por personal de salud capacitado, con vigilancia durante y después de la infusión.