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Si a usted o a un familiar le indicaron Zavicefta, esta guía está pensada para pacientes: primero explica de forma clara qué es este antibiótico, contra qué bacterias resistentes actúa y cómo se administra, y después detalla su precio en México por farmacia. Así puede resolver sus dudas antes y durante el tratamiento, y comprarlo con seguridad.
Nota editorial: Zavicefta es un antibiótico de uso intravenoso que contiene la combinación de ceftazidima 2 g y avibactam 0.5 g. La ceftazidima es un antibiótico del grupo de las cefalosporinas, mientras que avibactam es un inhibidor de determinadas betalactamasas, enzimas que algunas bacterias producen y que pueden hacerlas resistentes a ciertos antibióticos. Esta combinación permite que ceftazidima mantenga actividad frente a determinadas bacterias Gram negativas resistentes. En México, Zavicefta está indicado para determinadas infecciones intraabdominales complicadas, infecciones complicadas de las vías urinarias —incluyendo pielonefritis—, neumonía adquirida en el hospital —incluyendo la asociada a ventilación mecánica— e infecciones por microorganismos aerobios Gram negativos en pacientes con opciones terapéuticas limitadas. Su utilización debe ser indicada y supervisada por profesionales de la salud, considerando el microorganismo causante, su susceptibilidad a los antibióticos, la localización y gravedad de la infección y la función renal del paciente.
Zavicefta es un antibiótico intravenoso que combina dos sustancias en un mismo frasco: ceftazidima 2 g y avibactam 0.5 g. Sirve para tratar infecciones bacterianas graves causadas por bacterias Gram negativas, en particular aquellas que ya se han vuelto resistentes a otros antibióticos. No es un antibiótico de uso común: se reserva para infecciones complicadas, habitualmente en pacientes hospitalizados.
La ceftazidima es la que mata a la bacteria: se une a unas proteínas de su pared celular e impide que esta se construya correctamente, con lo que la bacteria termina rompiéndose. El avibactam, por sí solo, no tiene prácticamente actividad antibiótica; su función es proteger a la ceftazidima. Actúa como un escudo que bloquea las enzimas con las que ciertas bacterias destruyen el antibiótico antes de que pueda actuar. Juntos consiguen algo que ninguno lograría por separado.
La ceftazidima pertenece al grupo de las cefalosporinas de tercera generación, que a su vez forman parte de la gran familia de los antibióticos betalactámicos, la misma a la que pertenece la penicilina. El avibactam es un inhibidor de betalactamasas de estructura no betalactámica, una característica que le permite bloquear un espectro más amplio de esas enzimas que los inhibidores clásicos.
Porque muchas bacterias resistentes no son inmunes al antibiótico: simplemente lo destruyen antes de que actúe, mediante enzimas llamadas betalactamasas. La ceftazidima sola resulta ineficaz frente a ellas. Al añadir avibactam, esas enzimas quedan neutralizadas y la ceftazidima recupera su actividad. Es una estrategia de rescate: en lugar de inventar un antibiótico nuevo, se protege a uno que ya funcionaba.
Está dirigido contra bacterias aerobias Gram negativas, entre ellas Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa, Enterobacter y Proteus, incluidas cepas productoras de betalactamasas de espectro extendido y de algunas carbapenemasas. No cubre las bacterias anaerobias ni la mayoría de las Gram positivas, motivo por el cual en ciertas infecciones debe combinarse con otro antibiótico.
No. Los antibióticos actúan exclusivamente sobre bacterias y no tienen ningún efecto sobre los virus. Zavicefta no sirve para la gripe, el resfriado, el COVID-19 ni ninguna otra infección viral. Utilizar antibióticos frente a infecciones virales no aporta beneficio, expone al paciente a efectos adversos innecesarios y contribuye al problema global de la resistencia bacteriana.
Porque el avibactam neutraliza precisamente el mecanismo que da a esas bacterias su resistencia. Inhibe betalactamasas de clase A —incluidas las BLEE y las carbapenemasas tipo KPC—, de clase C (AmpC) y algunas de clase D, como la OXA-48. Gracias a ello, Zavicefta conserva actividad frente a bacterias que ya han dejado de responder a cefalosporinas convencionales e incluso a carbapenémicos, y se ha convertido en una opción clave frente a las enterobacterias resistentes a estos últimos.
Sus indicaciones autorizadas en México son las infecciones intraabdominales complicadas, las infecciones complicadas de las vías urinarias incluida la pielonefritis, la neumonía adquirida en el hospital incluida la asociada a ventilación mecánica, y las infecciones por microorganismos aerobios Gram negativos en pacientes con opciones terapéuticas limitadas. Esta última indicación resume su papel: un recurso para cuando quedan pocas alternativas.
Sí, es una de sus indicaciones principales. Se considera complicada una infección urinaria que ocurre en presencia de alteraciones anatómicas o funcionales, catéteres, litiasis, obstrucción, diabetes o inmunosupresión, o que afecta al riñón. La pielonefritis es la infección del riñón, mucho más grave que una cistitis y con riesgo de pasar a la sangre. Zavicefta resulta especialmente útil cuando el urocultivo muestra una bacteria resistente a los antibióticos habituales.
Sí, siempre en combinación con metronidazol. Se trata de infecciones que se extienden más allá del órgano de origen hacia la cavidad abdominal, como una apendicitis perforada, una diverticulitis complicada, una peritonitis o un absceso intraabdominal. Además del antibiótico, con frecuencia se requiere control quirúrgico o drenaje del foco infeccioso: ningún antibiótico sustituye ese paso cuando es necesario.
Porque las infecciones intraabdominales suelen ser polimicrobianas: participan tanto bacterias Gram negativas como anaerobias, procedentes del contenido intestinal. Zavicefta cubre muy bien las primeras, pero no tiene actividad suficiente frente a los anaerobios, como Bacteroides fragilis. El metronidazol se añade para cubrir precisamente ese hueco, de modo que entre ambos se abarca el espectro completo de bacterias implicadas.
Sí. La neumonía adquirida en el hospital es la que aparece 48 horas o más después del ingreso y suele estar causada por bacterias más agresivas y resistentes que las de la neumonía comunitaria, como Pseudomonas aeruginosa o enterobacterias productoras de betalactamasas. Zavicefta alcanza concentraciones adecuadas en el tejido pulmonar y está indicado en este escenario.
Sí, esta indicación está incluida de forma expresa. La neumonía asociada a ventilación mecánica se desarrolla en pacientes intubados y conectados a un respirador, y es una de las infecciones más difíciles de tratar, tanto por la gravedad de los pacientes como por la resistencia habitual de las bacterias implicadas. En estos casos, el tratamiento se guía siempre por los cultivos de secreción respiratoria.
Sí, cuando la bacteriemia —la presencia de bacterias en la sangre— se origina en alguno de los focos para los que el medicamento está indicado, por ejemplo una infección urinaria complicada o una neumonía hospitalaria. La bacteriemia es una complicación grave que puede evolucionar a sepsis, por lo que requiere tratamiento intravenoso, hemocultivos de control y, con frecuencia, una duración de tratamiento mayor.
Cuando el antibiograma demuestra que la bacteria es resistente a la mayoría de los antibióticos disponibles y las alternativas restantes son más tóxicas, menos eficaces o inadecuadas para ese paciente. Es el caso típico de las infecciones por enterobacterias resistentes a carbapenémicos o por Pseudomonas aeruginosa multirresistente. En estas situaciones, Zavicefta puede representar una de las pocas opciones activas, y su uso suele decidirse junto con el servicio de infectología.
Significa que el antibiótico ya no es capaz de matarla ni de frenar su crecimiento, aunque antes sí lo hiciera. La resistencia surge por mutaciones o por la adquisición de genes de otras bacterias, y se selecciona cuando se usan antibióticos de forma innecesaria o incompleta: las bacterias sensibles mueren y las resistentes quedan y se multiplican. Es importante entender que quien se vuelve resistente es la bacteria, no la persona.
Las betalactamasas son enzimas que fabrican algunas bacterias y que rompen el anillo betalactámico, la estructura química esencial de penicilinas, cefalosporinas y carbapenémicos. Al destruir esa estructura, el antibiótico queda inutilizado antes de llegar a su objetivo. Existen cientos de variantes, agrupadas en clases (A, B, C y D), y cada una destruye un conjunto distinto de antibióticos.
El avibactam se une a la enzima y la bloquea de forma reversible, impidiendo que destruya la ceftazidima. Su ventaja frente a inhibidores más antiguos, como el tazobactam o el ácido clavulánico, es doble: no es un betalactámico —por lo que las propias enzimas no lo degradan— y cubre un espectro mucho más amplio de betalactamasas, incluidas algunas carbapenemasas.
Sí. Las betalactamasas de espectro extendido son enzimas de clase A capaces de destruir la mayoría de las cefalosporinas, y son frecuentes en Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae. El avibactam las inhibe con eficacia, de modo que Zavicefta mantiene actividad frente a estas bacterias. Esto puede permitir, en pacientes seleccionados, reservar los carbapenémicos para otras situaciones.
Sí, frente a algunas. Es activo contra las carbapenemasas de tipo KPC (clase A) y contra la OXA-48 (clase D), dos de las más problemáticas a nivel mundial. Esta actividad es precisamente lo que convierte a Zavicefta en una opción valiosa frente a las enterobacterias resistentes a carbapenémicos, un grupo de bacterias clasificado como de máxima prioridad por la Organización Mundial de la Salud.
No, y este es un punto crítico. El avibactam no inhibe las metalobetalactamasas de clase B, como la NDM, la VIM o la IMP, que utilizan zinc para destruir el antibiótico mediante un mecanismo distinto. Frente a una bacteria productora de NDM, Zavicefta resulta ineficaz y deben buscarse otras combinaciones. Tampoco cubre anaerobios ni la mayoría de las bacterias Gram positivas. Por eso el antibiograma no es opcional.
Porque el cultivo identifica qué bacteria está causando la infección y el antibiograma determina a qué antibióticos es sensible. Sin esa información, la elección del tratamiento es una apuesta. Las muestras deben tomarse antes de iniciar el antibiótico siempre que sea posible. Con frecuencia se comienza un tratamiento empírico y, cuando llegan los resultados en 48 a 72 horas, se ajusta: a veces se puede cambiar a un antibiótico de espectro más estrecho, y a veces se descubre que la bacteria no es sensible y hay que cambiar de estrategia.
Porque es un antibiótico de reserva. Cada uso innecesario acelera la aparición de bacterias resistentes también a esta combinación, y ya se han descrito resistencias adquiridas durante el tratamiento. Preservar su eficacia no es solo una cuestión de salud pública abstracta: significa que siga disponible para el próximo paciente —o para uno mismo— cuando no quede otra opción. Por eso su uso suele estar sujeto a programas hospitalarios de control de antibióticos.
Se administra exclusivamente por infusión intravenosa. El polvo del frasco ámpula se reconstituye y se diluye en una solución compatible, y se infunde a través de una vena mediante una bomba o un equipo de goteo controlado. Nunca se administra por vía oral, intramuscular ni en inyección rápida.
Por dos razones. La primera es que no se absorbe por vía oral: ambos componentes se destruirían o no pasarían a la sangre desde el aparato digestivo. La segunda es que las infecciones para las que está indicado son graves y requieren alcanzar concentraciones altas y fiables en la sangre y en los tejidos de inmediato, algo que solo garantiza la vía intravenosa.
Aproximadamente dos horas. Esta duración prolongada no es casual: los antibióticos betalactámicos son más eficaces cuanto más tiempo se mantiene su concentración por encima del nivel necesario para inhibir a la bacteria, y una infusión lenta prolonga ese periodo. Infundirlo rápido reduciría su eficacia.
En adultos con función renal normal, cada 8 horas, es decir, tres infusiones al día. En pacientes con insuficiencia renal, tanto la dosis como la frecuencia se reducen según el grado de deterioro. El horario debe respetarse con precisión, porque los intervalos regulares son lo que mantiene la concentración eficaz de forma continua.
Habitualmente entre 5 y 14 días, según la indicación. Como orientación, las infecciones intraabdominales complicadas suelen tratarse entre 5 y 14 días, las infecciones urinarias complicadas y la pielonefritis entre 7 y 14, y la neumonía hospitalaria entre 7 y 14. En infecciones con opciones limitadas o con bacteriemia, el tratamiento puede prolongarse más según la evolución.
Sí. Influyen el órgano afectado, la bacteria causante, si hubo bacteriemia, si se logró controlar el foco mediante cirugía o drenaje, el estado inmunológico del paciente y su respuesta clínica, valorada mediante la fiebre, los marcadores de inflamación y los cultivos de control. El médico define la duración caso por caso.
La infección puede reaparecer, en ocasiones con más fuerza, y se favorece la selección de bacterias resistentes: las más difíciles de eliminar son justamente las que sobreviven a un tratamiento incompleto. Sentirse mejor a los tres días no significa que la infección esté resuelta; solo que el antibiótico está funcionando. La duración la marca el médico, no la desaparición de los síntomas.
De forma general, se administra en el hospital, ya que las infecciones para las que está indicado requieren vigilancia estrecha, ajustes según la función renal y monitoreo de la respuesta. En algunos sistemas de salud existen programas de terapia antimicrobiana parenteral ambulatoria, con enfermería especializada, catéter de larga duración y controles frecuentes, para pacientes ya estabilizados. Esa modalidad la decide el equipo médico; nunca es una opción improvisada en el domicilio.
Considera el peso y la edad del paciente —determinantes en pediatría—, el tipo y la gravedad de la infección, la bacteria y su sensibilidad según el antibiograma y, de forma crítica, la función renal, estimada mediante la depuración de creatinina. La dosis estándar en un adulto con función renal normal es de un frasco de 2 g de ceftazidima con 0.5 g de avibactam cada 8 horas, en infusión de dos horas.
Porque tanto la ceftazidima como el avibactam se eliminan principalmente por el riñón. Si la función renal está disminuida, el medicamento se acumula y aumenta el riesgo de toxicidad, sobre todo neurológica. Además, la función renal puede cambiar durante el tratamiento, ya sea porque la infección grave la deteriora o porque mejora al resolverse el cuadro, por lo que la dosis debe reevaluarse de forma periódica y no solo al inicio.
Sí, es obligatorio. Cuando la depuración de creatinina desciende por debajo de aproximadamente 50 mL/min, la dosis y la frecuencia se reducen de forma escalonada según el grado de insuficiencia. Es uno de los ajustes más importantes de este medicamento y una de las causas más frecuentes de efectos adversos evitables cuando se pasa por alto.
El medicamento se acumula y puede producir neurotoxicidad: confusión, desorientación, somnolencia, temblores, mioclonías (sacudidas musculares bruscas), encefalopatía, alucinaciones y convulsiones, incluido el estado epiléptico no convulsivo. Estos cuadros pueden confundirse con un deterioro por la propia infección, lo que retrasa el diagnóstico. Suelen revertir al ajustar o suspender el medicamento.
Sí, con un ajuste específico. Ambos componentes se eliminan de forma significativa mediante la hemodiálisis, por lo que la dosis debe administrarse después de la sesión en los días de diálisis; de lo contrario, buena parte del antibiótico se retiraría de la sangre justo cuando debería estar actuando. La coordinación entre el equipo de nefrología y el de infectología es indispensable.
Los más comunes son náuseas, vómito, diarrea, dolor abdominal, reacciones en el sitio de la infusión (dolor, enrojecimiento, flebitis), fiebre, erupción cutánea con comezón, dolor de cabeza, mareo, elevación de las enzimas hepáticas, aumento de la creatinina, descenso de las plaquetas o de los eosinófilos y una prueba de Coombs positiva sin repercusión clínica en la mayoría de los casos.
Sí, son de sus efectos más frecuentes. Se deben en parte al propio medicamento y en parte a la alteración de la flora intestinal normal, algo común a todos los antibióticos de amplio espectro. Suelen ser leves y manejables con hidratación y ajustes en la alimentación. Debe consultarse cuando la diarrea es intensa, muy frecuente, acuosa, con sangre o moco, o se acompaña de fiebre y dolor abdominal.
Sí. Como todos los antibióticos betalactámicos, puede causar reacciones de hipersensibilidad, desde una erupción leve hasta la anafilaxia, que es potencialmente mortal. También se han descrito reacciones cutáneas graves, como el síndrome de Stevens-Johnson y el DRESS. Los signos de alarma son ronchas, hinchazón de cara o garganta, dificultad para respirar, mareo intenso o caída de la presión arterial, y requieren suspender la infusión y actuar de inmediato.
Quienes tienen antecedentes de alergia a cefalosporinas, penicilinas, carbapenémicos o monobactámicos, especialmente si la reacción previa fue grave o inmediata; quienes han presentado reacciones alérgicas importantes a otros medicamentos; y las personas con antecedentes atópicos, como asma o alergias múltiples. Informar con detalle qué ocurrió en esa reacción previa —y no solo decir "soy alérgico"— es determinante para la decisión.
Todos comparten el anillo betalactámico, por lo que existe posibilidad de reactividad cruzada. Sin embargo, hoy se sabe que ese riesgo es mucho menor de lo que se creía: la reactividad cruzada real entre penicilinas y cefalosporinas de tercera generación como la ceftazidima es baja, y depende más de la similitud de las cadenas laterales que de la familia en sí. En la práctica, una alergia grave y confirmada a cefalosporinas contraindica su uso, mientras que un antecedente antiguo o poco claro de alergia a penicilina no lo impide necesariamente, y puede valorarse con estudio alergológico.
Sí, como cualquier antibiótico de amplio espectro. Al alterar la flora intestinal normal, permite que Clostridioides difficile prolifere y libere toxinas que inflaman el colon, produciendo desde una diarrea leve hasta una colitis pseudomembranosa grave. Puede aparecer durante el tratamiento o hasta dos meses después de terminarlo. Ante diarrea intensa o persistente, sobre todo con fiebre y dolor abdominal, hay que consultar: nunca se debe tomar un antidiarreico por cuenta propia, ya que puede empeorar el cuadro.
Requieren atención inmediata: dificultad para respirar, hinchazón de cara, labios o garganta, ronchas extensas o mareo intenso; erupción con ampollas, descamación o llagas en boca y ojos; diarrea intensa o con sangre con fiebre y dolor abdominal; confusión, temblores, sacudidas musculares o convulsiones; disminución importante de la cantidad de orina; y coloración amarilla de piel u ojos. Recuerde que algunos de estos síntomas pueden aparecer después de terminado el tratamiento.
Sí. La neurotoxicidad es un efecto adverso conocido de las cefalosporinas y se relaciona sobre todo con la acumulación del medicamento por una dosis no ajustada a la función renal. Los pacientes de mayor riesgo son los que tienen insuficiencia renal, edad avanzada, antecedentes de epilepsia o enfermedad neurológica previa. Se manifiesta con confusión, desorientación, somnolencia, mioclonías, alucinaciones, encefalopatía y convulsiones, y suele revertir tras ajustar o suspender el medicamento.
Informe sobre alergias a antibióticos, especialmente a penicilinas y cefalosporinas, detallando qué reacción tuvo; sobre enfermedad renal o si recibe diálisis; sobre antecedentes de convulsiones o enfermedad neurológica; sobre episodios previos de colitis por Clostridioides difficile; sobre enfermedad hepática; sobre todos los medicamentos y suplementos que toma; y si está embarazada, planea estarlo o amamanta.
Depende del tipo de alergia. Una reacción grave o inmediata documentada a cefalosporinas o a otros betalactámicos contraindica su uso. En cambio, un antecedente antiguo, leve o poco claro de alergia a la penicilina no lo impide necesariamente, dado que la reactividad cruzada con la ceftazidima es baja; en esos casos, el médico puede administrarlo con vigilancia estrecha o solicitar una valoración por alergología. La decisión debe ser siempre médica y basada en la historia detallada.
Las interacciones son relativamente pocas. Destacan el probenecid, que reduce la eliminación renal del avibactam y no debe usarse de forma conjunta; el cloranfenicol, que puede antagonizar el efecto de las cefalosporinas; y los medicamentos nefrotóxicos, como los aminoglucósidos, la vancomicina o los diuréticos de asa, que suman riesgo renal. Además, no debe mezclarse en la misma vía con otros medicamentos sin comprobar su compatibilidad.
Se requiere una vigilancia más estrecha de la función renal, con determinaciones frecuentes de creatinina y control del volumen de orina, además de mantener una hidratación adecuada. La dosis de Zavicefta debe reajustarse en cuanto la función renal se deteriore, y en el caso de los aminoglucósidos o la vancomicina puede recurrirse a la medición de sus concentraciones en sangre para afinar la dosificación.
Puede utilizarse cuando es necesario y el beneficio justifica el riesgo. La ceftazidima cuenta con una amplia experiencia de uso en el embarazo y no se ha asociado con un aumento de malformaciones; los datos sobre el avibactam son más limitados. Debe tenerse en cuenta que una infección grave no tratada representa por sí misma un riesgo importante para la madre y el feto. La decisión corresponde al equipo médico junto con la paciente.
La ceftazidima pasa a la leche materna en cantidades muy pequeñas y se considera generalmente compatible con la lactancia; los datos sobre el avibactam son limitados. En la práctica, la decisión se toma valorando cada caso, y con frecuencia la lactancia puede mantenerse vigilando al lactante por si presenta diarrea, candidiasis oral o erupción. Consúltelo con su médico y con el pediatra.
Sí. Su uso está autorizado en población pediátrica, con indicaciones y edades mínimas que varían según el registro sanitario de cada país, e incluye infecciones intraabdominales complicadas y infecciones urinarias complicadas, así como infecciones por Gram negativos con opciones limitadas. En niños, la indicación y el seguimiento corresponden a un infectólogo pediatra.
Se calcula en miligramos por kilogramo de peso corporal, con un tope que no debe superar la dosis del adulto, y se administra también cada 8 horas en infusión de dos horas. La dosis exacta varía según la edad y el peso, y debe ajustarse igualmente en función de la función renal. Como los niños ganan peso durante la hospitalización, la dosis se recalcula periódicamente.
La precaución principal es la función renal: en el adulto mayor disminuye con la edad, y un valor de creatinina aparentemente normal puede ocultar una depuración reducida, ya que también hay menos masa muscular. Por eso la dosis debe calcularse a partir de la depuración estimada y no de la creatinina aislada. Además, este grupo es más susceptible a la neurotoxicidad y con frecuencia toma otros medicamentos que afectan al riñón, lo que obliga a una vigilancia más estrecha.
Los frascos ámpula se conservan a temperatura ambiente controlada, sin superar los 25 °C, en su empaque original y protegidos de la luz y la humedad. No requieren refrigeración antes de la preparación. Deben mantenerse fuera del alcance de los niños y no utilizarse si el frasco está dañado, ha perdido el precinto o el polvo presenta grumos, humedad o cambios de color.
La preparación la realiza personal de salud en dos pasos y con técnica estéril: primero se reconstituye el polvo del frasco con agua estéril para inyección, agitando suavemente hasta su disolución completa; después se diluye el contenido en una bolsa de solución compatible —habitualmente cloruro de sodio al 0.9 % o glucosa al 5 %— hasta el volumen indicado. Antes de administrar se inspecciona visualmente la solución para descartar partículas o cambios de color.
Porque su preparación exige técnica aséptica, cálculo correcto de la dosis según el peso y la función renal, uso de diluyentes compatibles y respeto de los tiempos de estabilidad de la solución. Su administración requiere además una vía intravenosa adecuada, una infusión controlada de dos horas y vigilancia de reacciones alérgicas. Un error en cualquiera de esos pasos puede provocar una infección asociada al catéter, una dosis incorrecta o una reacción no atendida.
La solución preparada debe utilizarse dentro del plazo de estabilidad establecido en la información del producto, que es limitado y varía según se conserve a temperatura ambiente o en refrigeración. No debe congelarse, debe protegerse de la luz cuando corresponda y no debe mezclarse con otros medicamentos en la misma bolsa o vía sin comprobar su compatibilidad. Cualquier solución sobrante se desecha: no se guarda para la siguiente dosis.
Sí. Zavicefta es un antibiótico de prescripción y de uso hospitalario, por lo que su venta requiere receta médica emitida por el médico tratante, con nombre y cédula profesional y datos del paciente. Ninguna farmacia formal lo dispensa sin ella, y su preparación y administración corresponden a personal de salud capacitado. La venta de antibióticos sin receta está prohibida en México, y un vendedor que la ofrezca es una señal de alerta clara sobre la procedencia del producto.
Precios de referencia actualizados al 20 de August de 2026. Los precios pueden variar entre farmacias y con el tiempo.
En México, el precio de Zavicefta (Ceftazidima / Avibactam) en su presentación de Caja con 10 frascos ámpula de polvo para solución inyectable (ceftazidima 2 g + avibactam 0.5 g) oscila aproximadamente entre $26000 MXN y $32989.28 MXN, según la farmacia.
El precio que se muestra corresponde a la caja con 10 frascos ámpula. Para dimensionar lo que eso representa, conviene tener presente el esquema habitual: en un adulto con función renal normal se administra un frasco cada 8 horas, es decir, tres frascos al día, de modo que una caja cubre aproximadamente tres días de tratamiento. Como los ciclos suelen durar entre 5 y 14 días según el tipo y la gravedad de la infección, un tratamiento completo puede requerir dos o más cajas. En pacientes con insuficiencia renal la dosis se reduce y el consumo es menor. A este costo hay que sumar el de la hospitalización y la administración, ya que Zavicefta se aplica siempre por vía intravenosa en un entorno hospitalario.
Ceftazidima
2 g
Antibiótico betalactámico del grupo de las cefalosporinas de tercera generación
Avibactam
0.5 g
Inhibidor no betalactámico de betalactamasas de clases A, C y algunas de clase D
| Farmacia | Precio (Caja con 10 frascos ámpula de polvo para solución inyectable (ceftazidima 2 g + avibactam 0.5 g)) |
|---|---|
| Farmacia Oncológica Santa RitaFarmacia de alta especialidad · medicamento auténtico verificado | $26,000 MXNComprar ahora |
| Curitek | $27,000 MXN |
| Farmacias Especializadas | $32,989.28 MXN |
Precios de referencia recabados de farmacias especializadas en México. No constituyen una oferta de venta ni reemplazan la cotización directa con cada establecimiento.
Para identificar Zavicefta original, revise que la caja llegue sellada, con el nombre del laboratorio, el número de lote y la fecha de caducidad legibles y coincidentes entre el estuche y la etiqueta de cada frasco ámpula, y compruebe que el tapón y el precinto de aluminio estén intactos. El contenido es un polvo de color blanco a amarillento; desconfíe si presenta grumos compactos, humedad, cambios de color o si el frasco ha perdido el vacío. Desconfíe también de los precios muy por debajo del mercado y de las ventas por redes sociales, aplicaciones de mensajería o sitios sin domicilio verificable: Zavicefta se reserva para infecciones graves por bacterias multirresistentes, con frecuencia en pacientes en estado crítico, y un producto falso o de menor potencia significa que la infección continúa avanzando mientras el equipo médico cree estar tratándola. A ello se suma un daño que va más allá del paciente: un antibiótico subdosificado favorece la aparición de nuevas resistencias. Adquiéralo únicamente en farmacias con farmacéutico responsable que emitan factura.
En nuestras referencias de 2026, la caja con 10 frascos ámpula va de $26,000 a $32,989.28 MXN según la farmacia, y Farmacia Oncológica Santa Rita ofrece el precio más accesible. Con el esquema habitual de un frasco cada 8 horas, una caja cubre alrededor de tres días de tratamiento, por lo que un ciclo completo suele requerir más de una caja.
Zavicefta es un antibiótico intravenoso que combina ceftazidima 2 g con avibactam 0.5 g. Está indicado en infecciones intraabdominales complicadas, infecciones complicadas de las vías urinarias incluida la pielonefritis, neumonía adquirida en el hospital incluida la asociada a ventilación mecánica, e infecciones por bacterias aerobias Gram negativas en pacientes con opciones terapéuticas limitadas.
En un adulto con función renal normal, el esquema estándar es un frasco cada 8 horas, es decir, tres al día. En pacientes con insuficiencia renal la dosis y la frecuencia se reducen, por lo que el consumo diario es menor. La cifra exacta depende siempre de la indicación del infectólogo.
No. El avibactam protege a la ceftazidima frente a muchas betalactamasas de clases A, C y algunas de clase D, incluidas las BLEE y las carbapenemasas tipo KPC y OXA-48, pero no es activo frente a las metalobetalactamasas, como la NDM o la VIM. Tampoco cubre bacterias anaerobias ni la mayoría de las Gram positivas. Por eso el cultivo y el antibiograma son indispensables.
Porque ambos componentes se eliminan principalmente por el riñón. Si la función renal está disminuida y la dosis no se ajusta, el medicamento se acumula y aumenta de forma importante el riesgo de efectos neurológicos, como confusión, temblores, mioclonías, encefalopatía y convulsiones. El ajuste es obligatorio y debe revisarse durante todo el tratamiento.
Sí. Zavicefta es un antibiótico de prescripción y de uso hospitalario; su venta requiere receta médica emitida por el médico tratante, con nombre y cédula profesional y datos del paciente. Además debe ser preparado y administrado por personal de salud capacitado.